Chiapa de Corzo.- Guadalupe Pérez pinta flores, mariposas y coloridas aves en vasijas, cofres y cruces, lo hace desde los 16 años con sus manos como principal herramienta para extraer los colores con los que irán pintadas las artesanías que ella trabaja en Chiapa de Corzo, Chiapas.

Al pasar de camino a la escuela, Guadalupe miraba de reojo una escuela-taller de artesanías que le llamó la atención hasta que una vez se quedó; hija de madre soltera y de bajos recursos dejó la escuela para dedicarse de lleno a aprender el oficio que le ha rendido frutos desde hace 38 años.

Enfundada en un huipil tapizado de flores multicolores, la mujer de 56 años explicó que para extraer la laca natural con el que elabora los pigmentos con los que decora las piezas se utiliza un tipo de cochinilla para sacar la grasa.

Ello, mediante un proceso de cocción para luego hacer una especie de panqués para preservarla debido a que la producción de este insecto solo es en temporada de lluvias, aunado a que en la actualidad es escaso en la región.

Guadalupe Pérez, originaria de Chiapa de Corzo, en Chiapas, obtuvo un reconocimiento por su trayectoria artesanal en el Concurso Gran Premio Nacional de Arte Popular 2018, organizado por el Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías, y ha presentado el arte que emana de sus manos en diversos concursos.

La manera de elaborar los pigmentos y la manera de plasmarlos en las piezas hasta volverlos arte ahora los transmite a una treintena de alumnos quienes la visitan en su casa para aprender sus saberes; desde ahí, Doña Guadalupe da vida y color a artículos antes sin vida, ello, confiesa, la llena de satisfacción porque “nuestro oficio en un principio es muy sucio, ya luego queda muy bonito”, comenta con orgullo.

En las piezas que ella trabaja, dice, “ahí se quedan las tristezas y las alegrías, ahí se quedan, en las piezas, si estoy triste trato de no estar y me olvido porque me enfoco en el diseño que voy a hacer, a veces me dicen que mis flores están tristes y es porque ese día estaba yo triste”.

Cuando trabaja con el que ha sido su modo de vida por más de 30 años Guadalupe se enfoca en las formas que tendrán las flores, mariposas y aves que pinta principalmente con las llemas de sus dedos, mientras que solo algunos detalles van elaborados con un pincel; además, es hasta que tiene las piezas entre las manos hasta que decide los motivos que plasmará.

Con orgullo, Guadalupe muestra sus manos llenas de pequeños puntos de muchos colores, ella misma parece una pieza artesanal ataviada en su fino huipil, “mis uñas son uñas de artesana, me siento orgullosa porque con mi madre bastó para enseñarme a valorar la vida, mi mamá era muy humilde, cuando ya aprendí esto se sintió muy contenta”.

Ella, según recuerda, fue la primera artesana de su familia, y además de los 30 alumnos que es ciclo escolar siguen sus enseñanzas sus hijos también dominan el oficio, en el futuro, Doña Guadalupe se visualiza ganando más premios y transmitiendo sus conocimientos “para que no se termine nunca la artesanía”.

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