Katherine Pérez

“Qué lejanos estaban aquellos días en los que le parecía que los duraznos le sonreían, cuando cada ciprés tenía un secreto que contarle, la vida parecía un paraíso y Pedro la enamorada obsesivamente. Tendría entonces 13 años y el corazón de una niña que descubre un laberinto de emociones adictivas. Luego llegó el inminente beso forzado, al que luego le sucedieron otro muchos más gustosos, fue una sentencia que cegó su razón.”

Hace algunos días nos reunimos para celebrar que Margarita le había dado una vuelta más al sol, 365 días transcurridos plenamente, pero no fue el sol quien la atrajo en esa ocasión, sino la luna, astro mágico en el que se ha inspirado para escribir esta nueva novela titulada Balam Antsetik (la segunda era) esa diosa luna, mística y poderosa que influye en los protagonistas de la historia.

Esta es una historia colmada por altas dosis de amor y erotismo entre los personajes principales, que comienza con el descubrimiento de los restos de quien pareciera ser una mujer justo en las ruinas de Toniná, en Ocosingo Chiapas, tierra donde habita el jaguar (Balam). Tierra de contrastes con escenarios paradisíacos que enamoran, y también de condiciones de vida que atentan contra la dignidad.

Margarita nos plantea una visión prehispánica a través de nuestros dioses mayas, sobre el origen de la violencia a las mujeres indígenas y en cierto modo puede aplicar en algunas mestizas, pero vamos a centrarnos en las primeras que viven en condiciones de vida indignas, mujeres violentadas en todos los sentidos, utilizada por los hombres y despreciadas por su mismo género. Sin acceso a las más básicas condiciones de educación y de salud, lo que las sentencia a la ignorancia y al Balam Ansetik, la muerte por ser mujer.

“Hachakyum ha incendiado bosques y selvas. Arde en deseos de acabar con Balam, de extinguirlo en todas sus vidas. Una desafortunada debilidad asoma en su ser, eso lo tortura y lo hace secretamente feliz. En algún momento, mientras él creaba a Ixchel, se dejó seducir por su belleza y se enamoró de ella. Terminó perturbado creando esa deidad para él, por eso le cuesta tanto someterla. Anhela sentirla humillada por el dolor y decididamente entregada a él en su debilidad femenina, como las mortales. Esa es la razón por la que creo el Balam Antsetik. Ante el temor de sentirla independiente, generó esa maldición para controlar y someter su poder femenino.”

El castigo por el desprecio del deseo de un hombre hacia una mujer es la muerte es Balam Ansetik.

En otro párrafo nos describe como la virilidad, la fuerza y poder que los hombres ejercen se ve amenazada ante la presencia de la mirada y las palabras de una mujer, por ello buscan formas de represión.

“-Jamás podrán acabar con el Balam Ansetik de la segunda era -dice Chaac-. Desde los orígenes, en la primera era del Balam Ansetik, Hachakyum ha sembrado en las entrañas de los hombres el deseo de esclavizar emocional y corporalmente a las mujeres, las cuales, una vez ya debilitadas por su enamoramiento, se enferman con esa necesidad de ser deseadas que las consume hasta su propia demencia y así, se someten a nuestra voluntad. Quedando sin energía para realmente tomar las riendas de lo político y social en las ciudades. Tú sabes, Ixchel, que no queremos que eso tenga fin.  Balam Antsetik alimenta nuestro poder.”

“¡Que triste es ser mujer! Si es niña la que traigo en mi vientre, pues mejor que nos muramos las dos. Tú lo sabes, Sebastiana. No somos nada en este mundo, los hombres nos hacen lo que quieren, sólo venimos a sufrir, a penar, a pagar no sé qué culpa. No existe ningún Dios para nosotras. Tenía once años cuando mi padre empezó a abusar de mí, ¿y quién me defendió? Mi madre vivía como animal de trabajo día y noche entre la comida, la leña y el agua, y pariendo los hijos que pudo hasta que igual se murió. Y este hijo, ¿sabes? No sé si es de mi esposo, pues mi suegro ha abusado de mí- solloza amargamente. Su cuerpo se estremece a tirones, está empezando a convulsionar.”

Margarita a través de sus letras refleja un tema central sobre la violencia sexual y la problemática que vivimos con la muerte materna en nuestras comunidades indígenas, además de que hace un llamado enérgico a ofrecer una solución.

“Hachakyum se regocija ante la impotencia de Ixchel para evitar las muertes maternas, la luna se tiñe de rojo, agobiada, exhausta, pero combatiente”. Otra vez como con cientos de ellas, en la ruralidad bella y enervante, la pasión y el aliento que detienen el universo en el primer encuentro se borran, y la decadencia roza los linderos de la máxima crueldad contra las mujeres: olvidarse de ellas cuando se encuentran sometidas en su máxima vulnerabilidad biológica, como lo es el embarazo.

Disfrutamos una novela que rescata la necesidad de plantear la equidad de género, de luchar por la dignidad de muchas mujeres, de acabar con el sometimiento de los hombres hacia las mujeres indígenas en un contexto cultural que en tiempos modernos aún se vive y que sorprende.

Correo electrónico: kathymelody@hotmail.com

Twitter: @kathympr

 

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